El poeta comunista, al fin reivindicado

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Por Zheger Hay Harb

La nota colombiana

Como siempre ocurre, cuando los bien pensantes consideran que el rebelde ya es inofensivo, lo enaltecen. Es lo que ha ocurrido con Luis Vidales, encarcelado, exiliado y vilipendiado y ahora exaltado en el recién emitido billete de cien mil pesos, en la contracara del cual aparece la foto de Carlos Lleras Restrepo, uno de los presidentes en cuyo periodo sufrió persecución el poeta.
Nació en Bogotá en 1900 y estudió en París en La Sorbona y en la Escuela de Altos Estudios, fue cónsul en Génova y a su regreso al país fue fundador del Partido Comunista, del cual fue secretario general.
En 1926 apareció su poemario vanguardista Suenan Timbres, que rompía esquemas y ofrecía una nueva forma de expresión. Es decir, Vidales fue un verdadero rebelde en los términos en que lo consideraba Arttur Koestler; su rebeldía comprendía todas las formas que la vida ofrece, incluida la manera de decirla, de componer las palabras; no le bastaba con plantear ideas rompedoras, sino que su compromiso como poeta lo llevaba a decirlo bellamente. Suenan Timbres causó gran escándalo porque sus temas no eran los que se consideraban dignos de la poesía: trataba los de la gente del común, en un lenguaje lejano del edulcorado habitual, con un tono burlón, que se apartaba tanto del usado en la poesía colombiana hasta ese entonces como del establecido en el realismo socialista, aún en sus poemas de temática política.
Pero su obra abarca también el ensayo y la historia de la estadística en Colombia, luego de su paso por el DANE (Departamento Administrativo Nacional de Estadística) donde tuve la gran fortuna de conocerlo cuando yo, en un arranque de rebeldía, decidí que si no iba a seguir el camino que mis padres esperaban que anduviera, debía ganarme la vida y entré, apenas empezada la universidad, a trabajar allí.
Fue amigo de Sartre, quien elogió su poesía, como lo hizo también Jorge Luis Borges, Vicente Huidobro y Alberto Hidalgo, pero esas consideraciones no fueron óbice para que en Colombia lo apresaran 37 veces y lo expulsaran de su cátedra en la Universidad Nacional en 1945 y fue tan perseguido que entre 1953 y 1960 se vio obligado a exiliarse en Chile.
Cuando ya contaba 78 años de edad, en el gobierno de Julio César Turbay y bajo el Estatuto de Seguridad, fue llevado con una venda en los ojos a las caballerizas de la Escuela de Caballería, donde lo tuvieron cinco días incomunicado en una celda llena de ratas y estiércol, luego de allanar brutal y estruendosamente su apartamento. El gobierno se vio obligado a liberarlo debido a las marchas de protesta que organizaron los estudiantes y al apoyo público que le brindó Jean Paul Sartre.
Había regresado de Chile en 1960 porque el ex presidente Alberto Lleras, su amigo, lo instó a volver al país. Pero ya en los tiempos de Turbay sus correrías por los pueblos y veredas haciendo recitales de poesía fueron interpretadas como actividades subversivas. Y sí, fue subversivo, pero no como creyó el gobierno de ese entonces, participando de alguna manera en la lucha armada. Lo fue como rompedor de esquemas aún dentro del Partido Comunista en el cual militó hasta su muerte y sin apartarse públicamente de su estilo, pero en la práctica, su verso libre y su lenguaje innovador lo colocaban en contravía del lenguaje acartonado que ha caracterizado al Partido Comunista colombiano.
Ahora, 25 años después de su muerte, el gobierno nacional lo exalta de la mejor manera posible. Su presencia en el billete no se da con la estampa de su foto sino con la reproducción de uno de sus más bellos poemas. Pero Vidales no es inofensivo; sigue siendo un rebelde que llama a romper esquemas y a luchar desde la trinchera de la palabra para buscar un mundo más justo.

Fuente: Por Esto!

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Rodrigo Ordoñez S.

El Barracuda, Unico, Singular, Humor Negro, Literato, Poeta, Narrador y Juglar Moderno

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