El esquema de “cobro de cuotas” de la Policía Municipal de Mérida se tambalea

By El Señor X

*La renuncia del brazo derecho de los mandos policíacos otorgó un respiro a locatarios y tiradores de drogas. Las cantinas aún dan pago directo de “cuotas” a Romero Escalante.

Mérida, Yucatán a 26 de febrero de 2017.- Desde lo profundo de la red que extendió la Policía Municipal de Mérida para cobrar a locatarios, vendedores ambualntes, traficantes de droga y comerciantes de la zona del Centro Histórico, existen fugas de información que nos ofrecen una radiografía de una corporación que empieza a erosionarse con el paso del tiempo. Una fuente interna agotada de los malos tratos que reciben por parte de sus superiores y la rapiña evidente ante el cada vez más cercano relevo de funcionarios (siempre y cuando Mauricio Vila se amarre sus pantalones), expusieron ante este medio la voracidad con que preparan su jubilación anticipada el director, Arturo Romero Escalante, el comandante de Vialidad, Carlos Loria Rodríguez, el subdirector Carlos Montero Ávila, y algunos coordinadores de área.

Según las fuentes internas de la corporación, la renuncia o “renuncia” del Comandante Odín (nombre operativo de un torvo sujeto llamado Camilo) quien era el líder del Escuadrón Táctico que se formó a raíz de la llegada de los recursos Subsemun al Municipio. Sin embargo, pese a las constantes quejas ciudadanas sobre el desempeño de esos elementos, aún siendo Subdirector de Áreas de Apoyo, Romero Escalante ideó un esquema bajo el cual podría realizar sus cobros a las cantinas para operar fuera de sus horarios, brindar “protección” a los locatarios del San Benito y permitir que los tiradores de droga continúen sus actividades sin interrupciones.

A cambio de convertirse en el “cobrador de impuestos”, Odín tuvo como beneficio iniciar un sistema de préstamos (sorprendente para un policía que cobraba un salario paupérrimo) a sus compañeros dentro de la corporación. No conforme con volverse agiotista, Romero Escalante permitió que las tarjetas de nómina y claves de acceso (otorgadas aún nuevas a Odín por el entonces Subdirector Administrativo) de los deudores sean retenidas por Camilo, como una especie de seguro de cobro, para que él retire el dinero y cobrar sus cuotas quincenales bajo concepto de préstamo e interés, sin que ninguna autoridad diga pío.

A cambio de esta prebenda, Odín inició como esquema acudir a los locatarios bajo el pretexto de “operativos especiales” encabezados por el grupo táctico para ir cobrando de local en local la seguridad, consumir en los puestos de comida como un “donativo” a su “noble” encomienda de protegerlos y verificar que los prestadores de servicios en el tercer piso del mercado San Benito, quienes destinan esos espacios como hoteles de paso y zona de exhibición de sexo servidoras, eviten hacer evidente lo que ocurre en esa zona. Además, pasaban revista a los tiradores de droga de la zona para hacer pequeños cobros y recibir productos por parte de los mismos, para su venta al menudeo entre algunos policías.

En la lógica de ese esquema formado, Odín entregaba el producto de los cobros al comandante Buho para que este destine las partes proporcionales del dinero conforme al grado y posición de los subdirector, director y algunas administrativas que adornan la mesa de la Dirección durante los copiosos desayunos en esa oficina, mientras los ciudadanos esperaban ser atendidos o tener información de un detenido en la recepción. Nuestro informante reveló que Buho protegió a Odín hasta que este comenzó a realizar cobros sin reportar, beneficiando a algunos de sus compañeros del Escuadrón Táctico, cuya ambición terminó por crear una ruptura ente los cobradores de Romero, quien optó por mover a Vialidad a Loría Rodríguez y dejar al comandante Tigre en Protección, debido a que tenía más utilidad Odín que Loría Rodríguez.

Pese a lo aceitado del plan, la Policía Municipal tuvo que cambiar por completo su esquema de cobro, debido al inesperado accidente de motocicleta de Odin, que acabó con una incapacidad obligatoria, dejando un vació en la cadena que prefirieron las autoridades llenar por su cuenta, para evitar seguir dividiendo el dinero y meterle un poquito más a la maleta de despedida, ya que con las Golondrinas revoloteando en sus sienes, mientras más caiga, pues mejor.

Parte de este esquema salió publicado en un periódico de circulación local, donde señalan que la Policía Municipal “controla el tráfico de drogas en los  mercados ‘Lucas de Gálvez’ y ‘San Benito’. Ante el jefe de la corporación, Mario Arturo Romero Escalante, locatarios señalaron  al comandante Carlos Loria Rodríguez y a otro elemento de nombre Fausto Leija de que cuando en operativos ven a algún narcomenudista con el que tienen tratos, para evitar que los elementos caninos los delaten,  los jalan y les dan de las pastillas que llevan en sus bolsas para calmarlos”, lo que no sabían era que denunciaban ante el mismo arquitecto de ese sistema de cobros.

Lo que Romero Escalante esperaba que reviente unos meses después de su partida, estalló antes de tiempo, porque cobrarle a los locatarios protección y a los delincuentes igual, tarde o temprano iba a terminar en una denuncia pública ante los continuos robos a los locales, la venta indiscriminada de drogas diversas así como de piedra y marihuana, de la presencia de bandas de jóvenes que cometen asaltos en las noches y madrugadas, y los pleitos territoriales.

Como es que pese a todo esto, Mauricio Vila Dosal (en teoría alcalde de Mérida, aunque muchos opinan que es Renán Barrera) no mueve a Arturo Romero, muy sencillo, una compleja cadena de operaciones políticas con jefes de manzana y de barrio, que hizo este último para mantener a los panistas con la seguridad de la urnas. Pero de eso, hablaremos en otra columna.

 

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