Los comediantes mexicanos que hacen justicia por su propia mano

maxresdefault

A partir de la denuncia de una vecina, dos comediantes vestidos de drag queens confrontan a los oficiales de tránsito a plena luz del día.

El dúo quiere saber por qué los policías, que son tan estrictos con los límites de estacionamiento, no hacen más que emitir advertencias al vendedor de fruta local, cuya maltrecha camioneta lleva parada todo el día en un lugar prohibido, en Polanco, un barrio de clase alta.

“Así que parece que este auto está protegido por el dios de las frutas”, gritó Arturo Hernández, el fundador de Los Supercívicos, un grupo de comediantes con la misión de exhibir a los malhechores de la sociedad mexicana con un humor castigador. “Vaya, qué corrupción tan saludable tenemos aquí”, agregó.

Los comediantes, con una cámara, tenían toda la intención de hacerse notar.

En México, como en muchos otros lugares, el mal comportamiento suele quedar impune. El ejemplo más grave: el 98 por ciento de los homicidios nunca se resuelve. Las infracciones de tránsito menores —como estacionarse en un lugar prohibido, tirar basura en la vía pública y alterar el orden público— se toleran con una determinación encomiable.

Pero un grupo ha adoptado una nueva forma de hacer cumplir el frágil Estado de derecho en México: el escarnio público.

Inspirados por Los Supercívicos, un conjunto de residentes urbanos, activistas e incluso funcionarios han adquirido el hábito de avergonzar a los que se estacionan en un lugar prohibido, a los policías corruptos y a los malos vecinos, que muchas veces salen bien librados.

A finales del mes pasado salió a la luz un video grabado por Arne Aus den Ruthen Haag, el city manager activista de la delegación Miguel Hidalgo, en la Ciudad de México, en el que se podía ver al jefe de la Presidencia de Enrique Peña Nieto caminando hacia a un gimnasio, mientras sus guardaespaldas esperaban estacionados en un lugar prohibido.

Los partidarios del escarnio público comparten la creencia de que, en una sociedad tan tradicional y conservadora, apelar al crudo sentido de humillación es un medio efectivo para alentar a la gente a seguir las reglas.

“Es una mezcla de escarnio y protesta que revela el nivel de cansancio de la sociedad”, comentó Lorenzo Meyer, un historiador y analista político en México. “Pero también contiene el mensaje de que las cosas no son inalterables. Es una invitación a rebelarse, actuar y hablar”.

Para muchos mexicanos, mejorar la vida pública no es cosa de risa. Los carteles del narcotráfico y los grupos criminales dominan partes del país, donde las autoridades han desenterrado decenas de cadáveres encontrados en fosas clandestinas.

A pesar de ello, muchos mexicanos aceptan de buena gana que se use el humor sardónico para responder a los escándalos, ya se trate de la corrupción en la presidencia o el escape del narcotraficante Joaquín “El Chapo” Guzmán.

“Intentamos confrontar a la gente con nuestra naturaleza mexicana, nuestro ‘gen’ corrupto; y lo hacemos a través de la comedia”, dijo Hernández. “Exhibimos las situaciones absurdas que surgen de la ausencia del Estado de derecho con ironía y sarcasmo”.

Hernández inició Los Supercívicos después de que un programa de televisión en el que participaba fue saboteado. En el programa, una mezcla de comedia y política, muchas veces desafiaba el statu quo y eso lo puso en malos términos con los productores.

Los Supercívicos son bien conocidos en las calles de la ciudad gracias a sus múltiples sketches. En uno, se hacen pasar por mexicanos de la tercera edad que se caen y lesionan al tratar de circular en silla de ruedas por las muchas banquetas deterioradas de la ciudad.

En otro, hostigan a los usuarios del metro que, sin necesitarlo, ocupan lugares para personas con discapacidad, anunciando con ayuda de un megáfono que Jesús debe haberlos sanado milagrosamente. Algunas veces, las cosas se vuelven violentas; recientemente, un hombre al que no le gustó que lo filmaran le dio un puñetazo en la cara a Hernández.

“Ridiculizar a alguien es la forma más cruel de escarnio público, y también la más efectiva”, comentó Alejandro Marín, otro de los fundadores de Los Supercívicos, que llevaba un vestido morado mientras esperaba al lado de Hernández en un café. “Si experimentas ese pequeño trauma de haber sido exhibido y avergonzado, es muy poco probable que vuelvas a violar la misma regla de nuevo”.

Media hora más tarde, vio a los policías de tránsito y corrió al lugar. Para cuando las cámaras comenzaron a grabar, se había congregado una multitud. Los comediantes colocaron arañas de plástico sobre los vehículos, los agentes y ellos mismos.

En la acera, entre la multitud de varias decenas de personas que se habían reunido, se encontraba Odette Sandoval. Cuando le preguntamos qué opinaba de las tácticas de los comediantes, contestó con una sonrisa disimulada.

“Yo fui la que les avisó de esto”, dijo.

Comentó que había intentado en varias ocasiones que los oficiales de tránsito hicieran algo y que nunca obtuvo respuesta.

Así que les envió un correo electrónico a Los Supercívicos y ahí estaban, haciendo lo que el gobierno no hacía. En su opinión, de algún modo hacen justicia. “No es justo que apliquen las leyes de forma selectiva y cuando les conviene”, dijo de los policías. “Esto es corrupción y me alegro de que haya sucedido para que no lo vuelvan a hacer”.

Fuente: The New York Times

facebook-profile-picture

Rodrigo Ordoñez S.

El Barracuda, Unico, Singular, Humor Negro, Literato, Poeta, Narrador y Juglar Moderno

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *