Percepción: ¿Violencia Subjetiva u Objetiva?

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La semana pasada estando en el fascinante tránsito de la nuestra querida ciudad, por ahí en circuito, escuche por la radio un promocional del tercer informe de gobierno que se llevaría pronto en esos días, nada nuevo para mis 40 y pocos tacos, lo único nuevo fue oír decir al gobernador, que el estado de Yucatán tiene la menor “percepción” de violencia del país, ¿ oí bien?, esto era algo nuevo ¿entonces me pregunte?, cual es la diferencia entre sentirse seguro y estarlo, fui a investigar y encontré información que me gustaría compartir, pues para no tener percepciones equivocadas.

La violencia tiene dos vertientes muy diferenciadas e interrelacionadas: la inseguridad que es la vertiente que hace referencia a los hechos concretos de violencia objetiva producidos o, lo que es lo mismo, la falta de seguridad. Y la vertiente de inseguridad que hace relación a la sensación de temor y que tiene que ver con el ambiente subjetivo que la misma sociedad construye por la violencia directa o indirecta.

Es en esta segunda vertiente de la violencia, hay que detenerse a pensar porque es poco lo que se ha hecho por conocerla y para actuar sobre ella. Se trata de un imaginario complejo construido socialmente, que se caracteriza por existir antes de que se produzca un hecho de violencia, pero también después de ocurrido. Es anterior en la medida en que existe el temor de que se produzca un acto violento sin haberlo vivido directamente y, puede ser posterior porque el miedo nace de la socialización de un hecho de violencia ocurrido a otra persona.

Adicionalmente, las policías locales incorporan el tema por la brecha existente entre violencia objetiva y subjetiva, como forma de descargar responsabilidades frente a los medios de comunicación. Todo esto supone que, si ésta nace socialmente, de la misma manera puede ser contrarrestada y revertida.

Tomando en cuenta que la percepción de inseguridad puede originarse en hechos que no tengan nada que ver con los actos de violencia ocurridos o por ocurrir (anteriores o posteriores), sino por ejemplo, de sentimientos de soledad o de oscuridad que finalmente tienen que ver, en el primer caso, con la ausencia de organización social o la precaria institucionalidad; o en el segundo caso, por la falta de iluminación de una calle, la ausencia de recolección de basura o la inexistencia de mobiliario urbano.

Si la ciudad es un espacio de “soledades compartidas” y, por tanto, el lugar del anonimato y la inseguridad; allí el temor crecerá y, lo que es peor, el miedo se convertirá en principio urbanístico. Es decir, hay un miedo construido en la ciudad y también una ciudad construida por el miedo. Por esta razón, las políticas urbanas han empezado a tomar en cuenta esta dimensión, desarrollando propuestas y diseñándolas para regular la conducta social en el espacio público; o “prevención situacional” que busca poner barreras físicas al crimen. De allí podemos preguntar: ¿Quién concibe, usa, produce y controla el espacio público: el crimen o la policía? ¿Estamos en esta disyuntiva?, por eso hay que buscar alternativas que produzcan ciudades más seguras tanto objetivas como subjetivas.

Por consiguiente, una percepción de seguridad se basa en situaciones sociales lo que no expresa la situación real y objetiva de la violencia, que miedo no creen.

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